Barcelona, 7 de enero de 2008. Último día de mi primera y única visita a Europa. El regreso a "Mi Buenos Aires querido" estaba a la vuelta de la esquina, por lo que mi estadía en esa encantadora ciudad española era de tan sólo 24 horas. Todavía quedaba mucho por hacer pese a las migajas de euros que contaba antes de volver a mi tierra. Cuando uno se propone cumplir desafíos, todo es posible.
Y así sucedió. Como amante del fútbol desde la cuna, mi sueño de toda la vida era conocer el Camp Nou, el increíble estadio del Barcelona donde nada menos que Diego Armando Maradona dejó su huella con sus goles y gambetas, su sello inigualable y su magia que lo distinguirá por siempre por encima de todos los futbolistas en la historia de este fantástico deporte.
Barcelona, para mí, representa la "Catedral del fútbol" el lugar selecto donde la pelota se convierte en una obra de arte tan comparables con las canciones de Joan Manuel Serrat: la poesía en su máxima expresión cultural.
Así fue como recorrí 750 kilómetros en el tren de alta velocidad "Ave" (un lujo para unos pocos y por suerte me pude dar el gusto) desde Madrid para apreciar esa maravilla arqutectónica que tanto anhelaba presenciar, uno de los tantos emblemas que tiene esta gran ciudad mediterránea.
Apenas pisé Barcelona no podía creer lo que mis ojos estaban viendo. La ciudad estaba envuelta de banderas amarillas flúo por todas partes -principalmente la Rambla-, con la fuerte imagen de un hombre que ha revolucionado el mundo, acompañada por un símbolo monetario que contrasta con su eterna figura. Se trataba nada menos que la bandera de Ernesto Che Guevara con sus características tres letras que forman la palabra "CHE", pero la única vocal que tiene su apodo era representada por el símbolo del euro. Demasiado fuerte para mis ojos argentinos y también lo es para cualquiera que conozca la historia y el mito del Che: para muchos, fue un héroe revolucionario cuyo carisma y entusiasmo por la liberación de pueblos y países bajo el imperialismo marcó un antes y un después en la vida de mucha personas en todo el planeta, identificándose aún con sus ideales de libertad, mientras que, para otros, se trata de un líder guerrillero, de un loco con pretensiones de liberar al mundo marcantilista alzado en armas, matando gente y derrocando a presidentes de países de cualquier continente.
"CHE, revolución y mercado", la muestra itinerante de símbolos fetichistas basada en la fotografía más popular del mundo estaba delante de mis ojos nada menos que en Barcelona. Casualidades de la vida, señales del destino? Aún no lo sé. No hubo tiempo para recorrer la exposición como hubiese querido hacerla, aunque aquella imagen mercantilista tan fuerte, impresa en banderas amarillas con la emblemática figura de un símbolo antiimperialista, invadió mi cerebro durante mucho tiempo.
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